Ahora ya nada vale. Parece ser que vivimos en una sociedad desigual, la cual parece ser aparentemente igual por la globalización. Utilizamos la misma rapa, adoptamos los prejuicios y juicios de otros países, la manera de hablar, la manera de existir. Ahora ya no hay identidad, somos muñecos creados por la publicidad, siguiendo siempre al objeto o sujeto deseado, incluso aquellos, que parecen ser diferentes, son totalmente iguales a una esfera social.
Todo tiene una razón de ser, las cosas por lógica natural cambian (nacemos, nos reproducimos, morimos), siempre morimos, eso hay que entender para comprender nuestro devenir bajo el sol, en realidad sólo somos paseantes en el mundo, estamos un momento y después, así como llegamos, nos vamos. Entonces no hay que perder tiempo de consumo, o así nos pinta el sistema económico, y no necesariamente es una crítica, es un punto de vista con base en lo que sucede y sucedió.
Originalmente creado para la liberación, para truncar trabes, para que una persona, quien tiene poder adquisitivo, pueda invertir en el mercado. Primero fue local, posteriormente, nadie se imaginó el rompimiento de fronteras, de la noche a la mañana, todos éramos una gran aldea global como dice McLuhan. Basta con tocar un botón o dar un clic para saber de los acontecimientos más importantes de cualquier lugar del planeta, así de fácil se ha vuelto todo.
Los avances tecnológicos inundaron el tiempo y la mente humana, el proceso filosófico se dejó a un lado, ya de qué sirve pensar sobre algo abstracto, ahora tenemos herramientas complejas, ya no vele la pena pensar. Todo está dado, este mismo blog es producto del cambio, ya no necesito una hoja de papel, con una máquina es suficiente. Pero el dilema de mi reflexión es ¿qué pasa con nosotros? Es humano pasar frente a una máquina la mitad del día, todo cambia; es lo único que puedo dar objetivamente, todo cambia, incluso nuestro pensamiento.